En Estados Unidos viven 2,9 millones de cubanos. Son el tercer mayor grupo de origen latino en el país, superados únicamente por mexicanos y puertorriqueños. Solo en el estado de Florida viven más de la mitad, principalmente en el área metropolitana de Miami. Ahí, a pocas millas de su tierra natal, a la que muchos nunca han vuelto, las emociones están a flor de piel. Ninguno sabe a ciencia cierta cómo va a pasar, pero la mayoría están convencidos de que el momento de ver un cambio en su país ha llegado.
“La mayoría de los exiliados cubanos y la diáspora en todo el mundo abogan por un cambio estructural, por el fin del régimen comunista en Cuba. Ahora, la forma en que lo quieren hacer, ahí varía”, cuenta a RTVE Noticias desde Miami el abogado Santiago Alpizar, que hace 32 años escapó de la isla en una balsa y ya no ha regresado.
Tampoco lo ha hecho Sylvia Iriondo, que dejó su patria cuando era adolescente, hace más de seis décadas: “En este momento tenemos una oportunidad verdadera de dar al traste con ese régimen de oprobio que durante 67 años ha violado todas las libertades y derechos fundamentales del pueblo cubano”, relata la también presidenta de la organización Madres y Mujeres contra la Represión. “Para Cuba ya es hora y pensamos que, si no es ahora, a lo mejor no lo vamos a ver“.
A sus 81 años, mantiene intacta la vitalidad para seguir al frente de una lucha que heredó de sus padres, con quienes se exilió en 1960, poco después del triunfo de la revolución castrista. Ahora ve cerca el momento de regresar a una tierra “de libertad”, porque siente que en el actual Gobierno de Estados Unidos hay una “voluntad” de incitar a un “cambio verdadero”, no “cosmético”. Confía en el secretario de Estado, Marco Rubio, hijo de cubanos: “Conoce muy bien la tragedia cubana de primera mano. Sabemos que tenemos una voz que se alza a favor de vivir en libertad”.
Tan próximo se siente el cambio que, ya hace dos meses, la ciudad de Hialeah, donde vive la mayor proporción de cubanos en EE.UU., anunció un plan de emergencia para las celebraciones que se podrían dar tras una eventual “caída del régimen”. También allí, a finales de marzo, miles de personas se manifestaron en un multitudinario acto para exigir el fin del castrismo.
Trump estrecha el cerco
“Creo que tendré el honor de tomar Cuba“. Con esta frase, el presidente Donald Trump, que tiene en la comunidad cubanoamericana uno de sus principales apoyos electorales, volvió hace unas días a presionar al régimen cubano, el más simbólico y viejo enemigo de Washington desde que en 1959 triunfó la revolución de los Castro. La isla agoniza desde hace varios años con su mayor crisis económica, alimentaria y energética, agravada por los embargos impulsados por el vecino del norte, y con la amenaza, cada vez mayor, de una intervención. “Cuba es la siguiente“, insistió el pasado domingo el inquilino de la Casa Blanca, envalentonado tras las acciones militares en Venezuela e Irán.
Tanto la Administración Trump como el Ejecutivo cubano reconocen conversaciones para llegar a un acuerdo, aunque se desarrollan entre un férreo hermetismo; salvo las habituales declaraciones contradictorias del mandatario republicano y las filtraciones en la prensa, que navegan entre si lo que quiere EE.UU. es un cambio de régimen inmediato, ya sea mediante la diplomacia o una operación armada, o si se conforma con una apertura económica gradual que favorezca reformas al gusto estadounidense, como la ya anunciada posibilidad de que los exiliados cubanos puedan invertir sin trabas en la isla.
Una doble vía —derrocar al régimen o una apertura dialogada con interlocutores del castrismo— que enfrenta opiniones en Florida. “Tiene que ser un cambio político, un cambio de sistema. No se puede tener a los responsables de la tragedia cubana como parte de la solución“, asevera Iriondo. “La libertad primero y los negocios después”, subraya.
“Hay muchos sectores que se oponen a ese tipo de apertura”, considera Alpizar. Si bien valora que los cubanoamericanos puedan participar en la economía de la isla, advierte: “Si no se dan las libertades plenas ciudadanas, el derecho fundamental y la seguridad jurídica que eso implica, esta va a ser una reforma incompleta. Va a ser un cambio inadecuado, no el cambio estructural que la mayoría de los cubanos hoy quieren“.
La opción de tender puentes
Hugo Cancio dejó su país hace más de 35 años. Desde entonces ha hecho de Miami su casa, pero él sí ha regresado a la isla como hombre de negocios que le han llevado a tener vínculos con los gobiernos a ambos lados del estrecho de la Florida. Ansía que resuelvan sus diferencias en beneficio del pueblo: “El camino a seguir para llegar a esa Cuba que yo quiero ver y que muchos cubanos quieren ver es a través del diálogo; del respeto”. “Salir en redes sociales a vociferar y criticar de manera despectiva no contribuye en nada. Yo prefiero estar en la posición que me encuentro; puedo hablar con ambos gobiernos desde el respeto y ser incluso partidario de un cambio de sistema sin tener que declararme enemigo número uno“, explica.
Amparado en la concesión de licencias de EE.UU., este empresario ha emprendido diversos negocios de turismo e importación de automóviles y otros productos a Cuba en los últimos años; aunque admite que la política estadounidense hacia la isla ha sido “injusta e incoherente”. La tilda de “brutal económicamente”, pero reconoce las “ineficiencias” de la economía cubana.
“Vivo en una comunidad donde hemos rechazado cualquier cosa que salga de Cuba y apoyado esas incoherentes e injustas medidas económicas hacia Cuba. También conozco muchas personas en Cuba que se han aferrado a un sistema político y económico que es disfuncional. Por eso, no voy a perder ni un segundo buscando culpables; me gustaría enfocarme en que los cubanos tengamos la sabiduría de buscar juntos un camino que nos lleve a una Cuba mejor“, remacha.
Con Venezuela en el espejo
La anterior gran crisis de la isla se desató tras el colapso en 1991 de la Unión Soviética, que era su mayor sustento desde el inicio de la revolución. El llamado ‘Periodo especial’. El respiro no llegó hasta que en el albor del siglo XXI asumió como presidente de Venezuela Hugo Chávez y ese país rico en petróleo se convirtió en el nuevo mayor aliado de La Habana. Los envíos de crudo durante más de tres lustros han sido el principal salvavidas del régimen. Hasta que el pasado 3 de enero fuerzas estadounidenses secuestraron al presidente Nicolás Maduro en Caracas y lo trasladaron a Nueva York para juzgarlo por narcotráfico.
La nueva Venezuela tutelada desde la Casa Blanca dejó de suministrar crudo a Cuba y, tras la amenaza de Trump de imponer aranceles a cualquier país que lo hiciera, la delicada situación que arrastraba la isla —por políticas internas y por el endurecimiento del embargo— la ha llevado al borde del abismo, con constantes y prolongados apagones. “Están hablando con nosotros. Es una nación fallida. No tienen dinero, no tienen petróleo, no tienen nada“, insiste Trump.
Según Santiago Alpizar, la mayor parte de sus compatriotas en Florida optan por un camino, “dicho en lenguaje popular, un ‘pepinazo'”, es decir, una intervención militar quirúrgica para eliminar a altos cargos del gobierno. Como ocurrió el 3 de enero en Venezuela.
El abogado, que lidera desde Florida la organización Cuba Demanda, disiente de esa opción. Su alternativa la refleja en una demanda constitucional enviada por la ONG en enero pasado a los poderes judiciales cubanos, en la que, sustentada en la grave situación del país, exige que el presidente, Miguel Díaz-Canel, conforme a la Constitución, declare el Estado de Desastre o de Emergencia Nacional y “reconozca que la soberanía reside en el pueblo“.
Reclama, entre otras cosas, la “liberación inmediata e incondicional” de todos los presos políticos, la apertura de fronteras para la ayuda humanitaria “sin control de órganos represivos” y que se constituya un Gobierno provisional de transición, según Alpizar, “con líderes de la diáspora, de la oposición interna y externa y del exilio”, que convoque elecciones en 12 a 18 meses.
“Si no lo hacen de la manera pacífica que se está buscando, habrá una explosión social en Cuba muy pronto porque la situación es desesperada. Eso impondría la probabilidad de una intervención humanitaria por parte de potencias extranjeras, incluyendo a EE.UU.”, reconoce.
También sugiere la apertura de investigaciones contra el liderazgo del régimen, como la abierta el mes pasado contra Raúl Castro en la fiscalía de Florida por el derribo en 1996 de dos avionetas civiles de la organización Hermanos al Rescate en el que murieron cuatro personas, dos estadounidenses y dos cubanos. “Yo creo que eso también es una vía importante para proceder y presionar hacia el cambio en Cuba”, indica el abogado.
La Justicia estadounidense contra Raúl Castro
Sylvia Iriondo es una de las supervivientes de aquel suceso. El 24 de febrero de hace 30 años viajaba a bordo de una tercera avioneta con su marido, Andrés, ya fallecido; Arnaldo Iglesias y José Basulto, fundador de Hermanos al Rescate, organización que sobrevolaba el mar para auxiliar a balseros cubanos que intentaban escapar.
“A plena luz del día y sin aviso previo, pulverizaron en el aire a dos de las tres avionetas”, rememora, aún con emoción al recordar a las víctimas: Mario Manuel de la Peña, Armando Alejandre, Pablo Morales y Carlos Costa. La aeronave en la que iba ella pudo escapar. “No puedo dejar de pensar en ellos. Si para mí es algo que llevo en mi memoria y en mi corazón siempre, me imagino a esas familias que todavía no han podido cerrar un capítulo con la justicia que hace falta”, argumenta.
Sobre si Washington puede agarrarse a la acusación contra Castro para perpetrar una operación como la de Maduro, la activista se muestra cauta pero segura: “Nos gustaría ver a Raúl Castro encausado por esos crímenes. Son crímenes de lesa humanidad, no proscriben. Esperamos que se haga justicia porque sin justicia, no hay paz“.
Casi siete décadas de historias de exilios
Desde 1959, cinco han sido las grandes oleadas de migrantes cubanos a EE.UU., ya sea por motivos ideológicos o económicos. Desde los primeros años de la revolución, pasando por los Vuelos de la Libertad (1965-1973), el éxodo del Mariel (1980) y la crisis de los balseros (1994) hasta la crisis iniciada en 2021, cuando se produjeron las mayores protestas antigubernamentales desde 1994, fuertemente reprimidas.
Cancio dejó Cuba con 15 años en 1980. Relata que había sido expulsado del colegio por hacer un cuento en el que se burlaba de Fidel Castro, lo que dejó su futuro en el aire. “Quería ser médico, como mi abuelo. Y mi madre decide que es hora de irnos del país”, señala. Aunque abandonar Cuba no era fácil en esa época, tras un asalto a la embajada de Perú de cubanos que buscaban asilo, el castrismo autorizó que llegaran embarcaciones de Florida al puerto del Mariel para llevarse a quienes desearan abandonar la isla.
“Nosotros no teníamos familiares en el exterior, así que no teníamos a quien nos viniera a buscar. Pero el Gobierno cubano aprovechó la oportunidad para deshacerse de presos y enviarlos a EE.UU., personas con enfermedades mentales y homosexuales. Entonces mi madre tiene lo que yo llamo la brillante idea de decirme que me haga pasar por homosexual para poder irme del país“, rememora el empresario.
Y así logró salir. “Los menores estábamos retenidos en el puerto del Mariel y no nos dejaban salir. Al final, cuando salí, me encontré a mi madre en otro barco en el medio del mar y llegamos a Cayo Hueso el mismo día”, evoca.
En Miami ejerció todo tipo de trabajos durante su juventud. Hasta que dejó los estudios y fundó su propia empresa de exportación de coches. Abrió después una oficina de viajes a Cuba, el primer vínculo empresarial con su país natal, que acabó convirtiéndose en una empresa de entretenimiento y de producción de músicos cubanos que iban a actuar a Estados Unidos.





