Miami-Dade vuelve a aparecer como una historia de éxito económico. El empleo en el condado registró el mayor aumento entre los 10 condados más grandes del país, según un reporte del Buró de Estadísticas Laborales (BLS, por sus siglas en inglés) publicado el 31 de diciembre de 2025. En las cifras, el mercado laboral luce saludable y en expansión. Sin embargo, en la vida cotidiana, para miles de trabajadores, ese crecimiento no se traduce en estabilidad.
Miami-Dade se presenta como un “centro laboral sin comparación”. Así lo describe el propio condado: un territorio que alberga dos de los puertos más grandes y activos del país y uno de los aeropuertos con mayor tráfico internacional. Pero esa infraestructura no se sostiene sola. Funciona gracias a trabajadores que cargan mercancías, limpian aviones y terminales, manejan equipaje, preparan alimentos, mantienen hoteles y realizan tareas de seguridad y mantenimiento.
Son empleos esenciales para el funcionamiento diario del aeropuerto, los puertos y la industria turística. Sin embargo, sus salarios no han seguido el ritmo del costo de vida. Tener empleo ya no garantiza estabilidad; apenas garantiza la posibilidad de seguir pagando.
Cuando trabajar ya no alcanza
En Miami-Dade, una parte significativa de la fuerza laboral hispana se concentra en sectores como la hostelería, el comercio minorista, la limpieza, el mantenimiento, la construcción y los servicios vinculados al transporte y al turismo. Son trabajos visibles todos los días, indispensables para el funcionamiento del condado pero con salarios bajos y poco margen para imprevistos. Florida avanza hacia un salario mínimo de $15 por hora a partir de septiembre de 2026, una medida aprobada por los votantes. Ese ingreso equivale a unos $31,200 anuales antes de impuestos y deducciones, insuficientes para cubrir gastos básicos en uno de los mercados más caros del país.
La vivienda se ha convertido en el principal factor de presión. Aunque el mercado muestra señales incipientes de estabilización, los alquileres siguen representando una carga desproporcionada para muchos hogares. Según datos publicados por Zillow —una empresa especializada en análisis de bienes raíces— en mayo de 2025, un residente necesita ganar al menos $110,000 al año para poder pagar el alquiler promedio sin comprometer más del 30% de su ingreso mensual. Incluso más allá del salario mínimo, la brecha persiste. En Miami, el salario promedio fue de $31.88 por hora en 2024, según el Buró de Estadísticas Laborales.
Pero ese promedio oculta profundas desigualdades sectoriales: mientras algunos salarios especializados elevan la media, una parte significativa de la fuerza laboral gana muy por debajo de ese nivel. Este contexto ha ampliado el fenómeno de los working poor (trabajadores pobres): personas que trabajan gran parte del año, a menudo a tiempo completo, pero no logran cubrir gastos básicos. No se trata de una falla individual, sino de un modelo económico que genera empleo sin garantizar estabilidad. Las consecuencias son visibles.
La rotación laboral aumenta, los trabajadores esenciales se desplazan a otros condados o estados, y la ciudad enfrenta dificultades para retener la mano de obra que sostiene su competitividad. Entre 2023 y 2024, el Condado Miami-Dade perdió 67,418 residentes que se mudaron a otras partes de Florida o del resto del país, según cifras del Censo. En la Ciudad Mágica, trabajar ya no garantiza estabilidad. Una economía saludable no se mide solo por cuántos empleos crea, sino por si esos empleos permiten vivir con dignidad. Mientras esa brecha persista, la pregunta seguirá abierta, ¿para quién está funcionando realmente el crecimiento laboral de Miami?





