La guerra y la falta de ayuda humanitaria en el Congo afectan al brote de ébola

El ébola se expande por el este del Congo. Ya son más de 140 fallecidos y al menos 600 sospechosos de contagio a consecuencia de este virus con una mortalidad del 40% y cuya primera muerte data de hace un mes. En las últimas horas, Médicos sin Fronteras (MSF) y la Organización Mundial de la Salud (OMS), han enviado al territorio medicamentos, kits de protección y de aislamiento y 3.000 equipos de protección individual. Para los próximos días esperan recibir hasta 900m³, unas 200 toneladas de material.

Sin embargo, recuerdan que el virus sigue siendo difícil de controlar. Existe un precedente, en 2019, en la misma región del Congo, cuando el Ébola Zaire tardó dos años en ser controlado debido a la situación de seguridad de la zona. En este caso, la cepa ha logrado traspasar fronteras y ya se han detectado casos en Uganda y Sudán del Sur.

“Se necesita con urgencia una financiación rápida, flexible y multisectorial para apoyar las operaciones de vigilancia y tratamiento”, exige Amelie Gauthier, del equipo humano de la confederación internacional de ONG Oxfam.

La RDC sufre una crisis humanitaria agravada por más de 30 años de conflictos bélicos de forma continuada. A pesar de poseer recursos de gran valor como cobalto y cobre, es uno de los diez países más pobres del mundo. Una falta de sustento económico que lastra la atención en salud, alimentos y educación. El este del territorio está repleto de grupos armados que impiden que los servicios humanitarios puedan realizar su trabajo de forma segura.

Esta nueva cepa ha sido alimentada y propagada gracias a la violencia y la agitación entre comunidades, en una tierra donde llueve sobre mojado.

30 años sin paz en el Congo

Los tutsis contra los hutus, lo hutus contra los tutsis. Esta continua rivalidad entre dos pueblos ha sido el germen de toda la miseria que ha rodeado a la región desde hace tres décadas. Una distinción meramente de clase social, potenciada por los colonos belgas antes de la independencia de las colonias. Los tutsis, considerados la etnia minoritaria superior por el gobierno colonial, fueron dotados de una mayor educación, y se fomentó el resentimiento entre unos y otros. Para el periodista David Soler, fundador del medio África Mundi, este germen conflictivo permanece “latente” hoy en día.

Los conflictos armados en la República Democrática del Congo se iniciaron en 1994, fecha en la que se produjo el denominado como genocidio de Ruanda 800.000 personas fueron asesinadas en el país vecino en menos de 100 días. La mayoría de las víctimas de esta matanza formaban parte de la etnia tutsi, que fueron masacrados por los hutus, motivados por un atentado en el que fallecieron los presidentes de Ruanda y Burundi, Juvénal Habyarimana y Cyprien Ntaryamira, ambos hutus.

Los hutus tomaron el poder el Ruanda en el 94 y acabaron con el 70% de la población tutsi, hasta que una rebelión encabezada por los tutsis del Frente Patriótico Ruandés (FPR) recuperaron la capital Kigali. El FPR instauró un gobierno liderado por Paul Kagame, actual presidente de Ruanda, y empujó a millones de ruandeses, en su mayoría hutus y entre ellos miembros de las milicias genocidas, a trasladarse a la RDC, llamada Zaire en ese momento.

Este traslado es crucial para entender la realidad política actual, ya que provocó que gran parte de los territorios del este del Congo fuesen ocupados por grupos armados, algo que se traslada hasta hoy: “En el Congo existen actualmente más de 100 grupos armados”, aclara Soler.

Poco después, el gobierno de Kagame y los tutsis se aliaron con los ejércitos de Uganda y Burundi y con la Alianza de Fuerzas Democráticas para la Liberación del Congo (AFDLC), no afines al régimen del presidente congoleño Mobutu Sese Seko, para invadir la RDC e instalar un nuevo gobierno liderado por el guerrillero Laurent-Désiré Kabila, que sería asesinado en 2001.

Desde entonces, Ruanda ha tratado de interferir en territorios congoleños, motivados por sus minerales y por acabar con los hutus desplazados. Su último movimiento, explica Soler, ha sido financiar y sustentar al grupo rebelde militar Movimiento M23. Una organización que actualmente está en conflicto con el gobierno congolés y se han instalado en la región de Kibu, provocando los desplazamientos de millones de habitantes: “No son cuatro rebeldes locos que han cogido armas. Tienen equipamiento y apoyo, y el gobierno no tiene suficientes medios para frenarlos.

El 27 de enero de 2025, el M23 tomó la ciudad de Goma, en Kibu del Norte, con una población de dos millones de habitantes, incluido su aeropuerto. En febrero, arrasaronn Kubavu, la capital de Kibu del sur.

¿Cómo es posible que un país tan pequeño como Ruanda someta de esa forma a la RDC? Para Soler, la evolución de ambos países ha sido completamente diferente: “Ruanda ha recibido un apoyo internacional desde el genocidio del 94. La Comunidad Internacional siempre ha sentido culpabilidad por no intervenir en la matanza. A partir de ahí, Ruanda ha sido uno de los países que más ayudas al desarrollo y más Foreign Direct Investment (FDI) ha recibido”.

En el otro lado de la frontera, la RDC nunca ha recibido este suministro. Con unos gobiernos inestables, con un territorio más extenso y de difícil conexión, con solo un 6% de terreno conectado por carreteras. Soler también destaca que el suministro de minerales afecta a que internacionalmente, interese el subdesarrollo del Congo: “Si el Congo mejorase y la economía se formalizase, el precio del coltán que se extrae del país aumentaría”.

¿Cómo afecta la guerra al control de la epidemia?

Micaela Serafini es la presidenta de MSF Suiza, organización que se trabaja en Ituri y en Kibu del Norte para tratar de mitigar el virus. Ambas son dos zonas afectadas desde hace años por los grupos armados, especialmente por el M23. Para ella, el conflicto bélico afecta a la actuación de los servicios humanitarios de forma multifactorial: “Por un lado, el acceso es muy complicado por razones de seguridad. Cuando envías a los equipos a zonas inseguras, no sabes hasta dónde van a poder llegar. Tienen que hablar con los guerrilleros para poder avanzar”.

Además, Serafini subraya el constante movimiento en el que se encuentra la población congoleña. El pasado 2025 casi 7 millones de personas vivieron como desplazadas internas en las provincias de Ituri, Kivu del Norte, Kivu del Sur y Tanganyika, según ACNUR. “En una epidemia de ébola, uno de los pilares fundamentales es el seguimiento epidemiológico. Si la población se mueve continuamente, resulta muy difícil localizar a esos contactos y hacerles seguimiento para evitar que continúe la transmisión”. Además, no solo existen desplazamientos internos dentro del país, también se producen movimientos fronterizos hacia Uganda o Sudán del Sur.

A todas estas causas se suma el deteriorado esta en el que se encuentra el sistema sanitario congoleño: “Los centros de salud no están equipados y el personal no siempre cuenta con la formación necesaria”.

Hasta ahora, el epicentro de la epidemia se había iniciado en la provincia de Ituri, expandiéndose a Kibu del Norte. Este jueves, el propio M23 ha confirmado en un comunicado un contagio en Kabare, próxima a Bukavu, capital de Kibu Sur, controlada por el grupo armado y convertida en la tercera provincia del este de la RDC controlada por el virus.

La falta de ayuda humanitaria

La OCDE registró el pasado 2025 una caída en la Ayuda Oficial al Desarrollo (AOD) de hasta el 23.5%, lo que supone un déficit de más de 41.000 millones de euros. Esta bajada en la cooperación internacional tenía como principales actores Alemania, Francia, Reino Unido, Japón y, sobre todo, Estados Unidos.

Ese mismo año, la Administración Trump desmanteló la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID), que en su origen fue creada para ayudar a terceros países. Una clausura que afectó en la ayuda a muchos estados, la RDC entre ellos. Allí, las organizaciones denuncian una fuerte carencia de ayuda humanitaria.

“El este de la República Democrática del Congo perdió casi el 70% de la ayuda humanitaria cuando USAID cerró”, explica Gauthier, de Oxfam.“Estadecisión ha paralizado los esfuerzos humanitarios, lo que pone en un riesgo mayor a 6,5 millones de personas en unas condiciones ya de por sí catastróficas. La dinámica cambiante de la política occidental provoca incertidumbre en los compromisos humanitarios.”

Según Gauthier, estos recortes suponen una de las causas principales por la cual el brote actual no ha sido detectado a tiempo, ya que “se han debilitado los sistemas de monitoreo y vigilancia”:

En enero de 2026, La directora del Programa Mundial Alimentos para RDC, Cynthia Jones, pidió 350 millones de dólares para apoyar la asistencia alimentaria en este territorio: “Si esto no se cumple, tendremos solo asistencia para 300.000 personas, que representan únicamente un 10% de las personas que necesitan ayuda“.

Los equipos de primera respuesta afirman que incluso echan en falta suministros básicos, desde analgésicos hasta motocicletas para rastrear contagios, lo que dificulta aún más el operativo.

El futuro, incierto

Micaela Serafini explica que se desconoce aún el alcance real de esta pandemia: “Sabemos que las cifras están infravaloradas. Es demasiado pronto para calcular hasta donde puede llegar”. Médicos sin Fronteras calcula que las vacunas podrán comenzar a probarse en humanos dentro de nueve meses, aunque ahora mismo el trabajo sanitario no es únicamente de buscar un tratamiento, si no el de contención de la propagación.

Además, MSF recuerda que este brote no puede dejar de lado el resto de problemas sanitarios en el Congo: “Debemos mantener un sistema sanitario que no abandone las principales causas de mortalidad, que en realidad no son el ébola, sino todas estas enfermedades que ya afectan gravemente a la población”. Serafini pone el ejemplo de los casos de malaria, malnutrición o neumonía, entre otras enfermedades infecciosas muy presentes en estas regiones.

El fin de esta epidemia es una incógnita. A pesar de que los expertos recuerdan que el riesgo a internacionalizarse dentro de occidente es muy bajo, a nivel regional el virus no parece haber tocado techo aún. La República Democrática del Congo sufre las consecuencias del abandono internacional, del hostigamiento ruandés y de los ataques del M23. Porque es mucho más difícil contener un virus cuando millones de familias huyen de sus hogares.

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