El costo de no decidir sacude a Miami-Dade

Cuando la alcaldesa Daniella Levine Cava anunció el 5 de junio que Miami-Dade iniciaría la expropiación de la terminal de combustible de Fisher Island, la medida fue presentada como una respuesta necesaria para proteger el futuro del Puerto de Miami. Sin embargo, para muchos funcionarios y observadores, la decisión también representó la factura de años de indecisión sobre una infraestructura considerada vital para uno de los puertos más importantes de Estados Unidos.

La decisión llegó apenas un día después de otro anuncio que sacudió a la administración, salida inmediata del experimentado director de operaciones del condado, Jimmy Morales, y la jubilación de la directora de PortMiami, Hydi Webb, dos figuras que habían estado directamente involucradas en las negociaciones relacionadas con la instalación.

Aunque oficialmente Levine Cava presentó ambos movimientos como parte de una reorganización administrativa, la proximidad entre los anuncios dio pie a especulaciones políticas sobre una crisis que llevaba más de un año gestándose y que hoy enfrenta intereses económicos, jurídicos y estratégicos de enorme magnitud.

“Negociamos de buena fe y analizamos cuidadosamente la propuesta”, afirmó la alcaldesa al anunciar la expropiación. “El acuerdo incluía beneficios claros, entre ellos que el Condado obtuviera la propiedad de la instalación y una estructura financiera que permitiría que la adquisición se pagara por sí sola con el tiempo, sin recurrir a dinero de los contribuyentes. Pero al final, el precio era simplemente demasiado alto”.

La alcaldesa añadió que, aun cuando los fondos provinieran de ingresos portuarios y no directamente de impuestos generales, la administración tenía la responsabilidad de “proteger el interés público” y actuar como administradora responsable de los recursos públicos.

El terreno de la discordia en Miami-Dade

El conflicto gira alrededor de una parcela de aproximadamente 9.6 acres ubicada en el extremo norte de Fisher Island, donde desde hace casi un siglo opera una terminal de almacenamiento y distribución de combustible marino.

Según documentos oficiales del condado, la instalación fue construida originalmente por Belcher Oil Company en la década de 1920 y ha servido durante generaciones como la principal fuente de abastecimiento para cruceros y buques de carga que operan en PortMiami. En 2003, TransMontaigne adquirió la propiedad.

La terminal cuenta con una capacidad de almacenamiento de 672.669 barriles de combustible, 12 grandes tanques de almacenamiento, dos muelles para embarcaciones de suministro, sistemas de mezcla de combustibles y una compleja red de tuberías internas. En 2024 vendió cerca de 3.88 millones de barriles de combustible y el 92% de ese volumen estuvo destinado a la industria de cruceros.

Para PortMiami, la instalación representa mucho más que una terminal energética.

El puerto genera un impacto económico estimado de 61.400 millones de dólares anuales en Florida, equivalente al 3.9% del Producto Interno Bruto estatal, y sostiene directa e indirectamente más de 340.000 empleos, además de generar unos 2.200 millones de dólares en impuestos estatales y locales.

Por ello, los responsables del puerto insistieron durante meses en que la continuidad del suministro de combustible es una cuestión de seguridad económica regional.

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